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La exposición

10 de marzo, 2017 – 25 de junio, 2017

Pello Irazu es una figura clave en la escena artística contemporánea. Comenzó a destacar en los años ochenta formando parte de la renovación de la escultura vasca y española; desde entonces, y a lo largo de más de tres décadas, ha desarrollado una producción que se caracteriza por su coherencia.

Alternando la escultura en su más amplio espectro —desde propuestas tridimensionales mínimas hasta híbridos objetuales y grandes instalaciones— con la fotografía, el dibujo y la pintura mural, el trabajo de Irazu explora la problemática que suscitan las múltiples relaciones existentes entre nuestros cuerpos, los objetos, las imágenes y los espacios.

Pello Irazu. Panorama presenta más de un centenar de obras del artista —entre las que se cuentan algunos de los hitos y piezas más significativas de su carrera—, articuladas en torno a un eje o dispositivo físico y conceptual diseñado por el propio Irazu para esta ocasión. El recorrido expositivo comienza con fotografías que registran sus tempranas exploraciones, efímeras, que datan de mediados de los años ochenta.

Estas piezas contienen el germen de su primera obra en acero, cuya contundencia física queda más tarde cuestionada por la pintura que la cubre parcialmente. En esta etapa inicial, Irazu establece algunas directrices que le acompañarán durante toda su trayectoria, como la limitación del tamaño de la obra a sus posibilidades físicas —de este modo, la obra actúa como condensador de un acto performativo— o su reformulación del legado del escultor Jorge Oteiza y de las corrientes derivadas del Minimalismo.

A finales de los años ochenta, Irazu comienza una reconsideración de la función del muro y de su percepción por parte del espectador, mediante pinturas realizadas directamente sobre la pared y diferentes modos de ubicar los objetos y las imágenes en el espacio.

En la década de 1990, coincidiendo con su estancia en Nueva York, el artista comienza a trabajar con materiales industriales como el tablero de contrachapado o el plástico, que sirven como punto de partida de desarrollos expresivos que contienen constantes guiños al espacio doméstico. Irazu deconstruye los objetos para reensamblarlos de forma discontinua, generando un efecto de extrañamiento respecto al significado de objetos y materiales cotidianos.

En los dibujos y pinturas de esta etapa, el artista emplea papeles encontrados, generalmente impresos, sobre los que interviene con pintura y cinta adhesiva, materiales que Irazu utiliza para crear nuevas tramas referenciales.

A partir del año 2000, de regreso en Bilbao, se inicia una nueva fase en la producción de Irazu. Sus obras cuestionan ahora los signos que le rodean mediante formas que resultan evocadoras para el espectador, pero que se alejan de sus referentes, para crear una sensación de familiaridad, ambigüedad y extrañeza. Irazu se apropia del espacio, combinando la pintura mural con materiales tridimensionales, trabajando en los difusos límites que tradicionalmente han separado las distintas categorías artísticas.

Instalación 28 | Pello Irazu

La Instalación

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